*

Esta exposición hace parte de la búsqueda artística de Cárdenas quien, en un gesto que describiríamos como arqueológico, remueve y descubre las capas que permiten comprender un sitio a partir de los rastros y las señales que el paso del tiempo ha dejado en él. Por ello, no es en vano que esta imagen se levante y tenga lugar en lo que hoy es Odeón. Un edificio que guarda entre sus muros una historia cultural y política de Bogotá de más de ocho décadas, que abrió sus puertas como sala de cine a finales de los años 30 y que, desde ese momento, se convirtió en testigo de lo que la ciudad estaba por sufrir. El Bogotazo como un punto de quiebre en nuestra historia y con él la suerte de una ciudad que se configuró como norte y sur, centro y periferia y que definió parte de los ejes políticos y económicos en el último siglo de nuestro país.

Hoy la artista logra construir una obra donde cada una de estas historias empiezan a cobrar sentido desde la repetición, en ese gesto de rodear y traer de vuelta. En una palabra sobre otra palabra, en un hilo sobre otro hilo. Tampoco debemos dejar de insistir que no es casualidad que esta pieza se levante acá en medio de su invisibilidad. Quizá debemos tomar prestadas nuevamente las palabras de Didi-Huberman y ser conscientes que “saber mirar esta imagen sería, en cierto modo, volverse capaz de discernir el lugar donde arde, el lugar donde su eventual belleza reserva un sitio a una ‘señal secreta’, una crisis no apaciguada, un síntoma” [1]. Un puente imposible de atravesar y que cobra sentido en un escenario, que tiene esa potencia virtual de ser y no ser al mismo tiempo y que guarda en él “todos los punteados del destino”, de nuestro destino.

fragmento del texto curatorial Ximena Gama.
*

PRESS
Terremoto:
Contemporary Art in the Americas
Periódico El Tiempo:
TRAMA
Artishock:
Revista de Arte Contemporáneo